Nuevamente en esta sección dedicada a la ética profesional, continuamos acercando aportes y conceptos a los colegas en cada una de sus especialidades y desarrollo de la profesión, alentando al ejercicio de las buenas prácticas con ética.

Continuando con los principios Axiológicos propuestos por la ética profesional, en esta entrega vamos a comenzar con algunas definiciones:

¿Qué es la axiología?

La axiología, es una rama de la filosofía que va enfocada al estudio de los valores y de su utilidad para el hombre. La palabra axiología deriva del griego «axio» que se puede traducir en valioso y «lago» que se traduce en tratado o estudio.

Dicho esto, podemos mencionar el concepto de axiología moral del profesional: el código de moral profesional nos ofrece un cuadro de valores que orientan, a través de normas concretas, la vida del profesional. Pero dichos valores hay que colocarlos en un marco más amplio, que es el marco del profesionalismo o la profesionalidad, entendido como fenómeno sociocultural. Vamos a intentar introducimos en la axiología propia de «lo profesional», por encima de la normativa moral particular de las profesiones.

El fenómeno, que podemos denominar, de «lo profesional» ocupa un lugar central en la sociedad actual, constituye sin lugar a dudas un rasgo cultural en sí misma. Ser profesional confiere un apetecible estatus social en cuanto que proporcione, por lo general, un confortable y seguro nivel de vida, sustentado, al menos formalmente, por la posesión de un bagaje de conocimientos técnicos/científicos propios de la profesión.

Entre un profesional y alguien que no lo es, existe una diferencia notable, particularmente en las sociedades que aún se hallan en vías de desarrollo, o en subdesarrollo como en nuestro caso.

Es interesante dejar en claro una postura muy fuerte y sostenida de parte de nuestra institución frente al uso del término «profesional» que errónea e históricamente se acuñaba adjudicándose solo a quién posee un titulo de grado universitario y ejerce o está capacitado científicamente para ejercer una profesión como producto de ese título.

Si observamos la definición de profesión, nos encontramos con lo siguiente: Actividad habitual de una persona, generalmente para la que se ha preparado, que, al ejercerla, tiene derecho a recibir una remuneración o salario.

La palabra profesión en su origen etimológico, del latín «professionis» alude a la acción y al resultado de profesar, entendido como manifestar una creencia religiosa, un sentimiento, o ejercer una actividad (ejercer un oficio, una ciencia o un arte).

Ahora bien …
La palabra «profesional «es un adjetivo

1. De la profesión u oficio o relacionado con
ellos.
Ej. «actividad profesional»

2. nombre común
Persona que ejerce una profesión.
Ej. «los profesionalesde la medicina»

En ningún concepto se define de forma exclusiva hacía un nivel de formación por sobre otro, de hecho, podríamos decir que la «profesión» es sinónimo de una acción o el resultado de ella, la palabra «profesional» es un adjetivo como producto de la acción. Por ello es que institucionalizamos dicho concepto por el valor etimológico del término, haciendo hincapié en la acción y en la adjetivación que caracteriza a quien la profesa, desde la manera de ejercer. No tiene que ver con un nivel formativo en particular, si no con la forma de ejercer profesionalmente, significa también la habilidad, destreza, perfección en la realización de un trabajo. Así encontramos expresiones como «lo hizo con profesionalismo», «es un verdadero profesional», etc. las cuales se pueden aplicar a cualquier tipo de
trabajo o actividad. Lo mismo se puede aplicar en el trabajo con profesionalismo de un albañil, como de un arquitecto, de un técnico Mtro. Mayor de Obras, un docente, un deportista, un artista, un zapatero, un enfermero, un médico, etc.

De este modo vemos que el profesionalismo se ha convertido hoy en una especie de virtud. La economía de libre mercado que el sistema capitalista ha impuesto casi por todo el planeta hace de la competencia una de sus armas más efectivas. Imponiendo reglas a las que están sometídos los productos en abierta competencia de calidad y precio, lo que obliga a las empresas y negocios a responder en consecuencia para cerrar el circuito de la oferta y la demanda de manera competitiva y sostenible. Y finalmente directa o indirectamente, el trabajador, profesional o no, empleado o independiente, se ve sometido a esas mismas reglas de la competencia. En casi todos los casos encontramos la misma componente, tanto para el caso de un empleado de una empresa o negocio donde se le exige eficiencia y calidad, ósea ser competente para asegurar una producción de calidad y sostener su fuente de ingresos laborales y evitar ser reemplazado por otro mejor, y en otro caso tenemos a un trabajador independiente que ofrece directamente sus productos o servicios en un mercado que también es quien exige y lo somete a reglas de la competencia, ya que sólo los profesionales competentes logran sostenerse en dicho mercado.

No tiene nada extraño, en consecuencia, el hecho de que se considere el profesionalismo o la profesionalidad como una virtud social. Es una actitud adquirida con el esfuerzo diario por superarse en el sentido de realizar con la mayor perfección y eficiencia posible el trabajo encomendado (sea profesión u oficio). Con el avance tecnológico que en alguna medida puede provocar una reducción de la demanda de empleos dada la posible sustitución de mano de obra por robots, también obliga a una mayor capacitación y actualización profesional para aumentar la competitividad.

De ahí que la distancia entre profesiones y oficios en algunos casos tiende a borrarse. Cada día se exige mayor nivel de preparación intelectual a los empleados. Dentro de cada profesión, como dentro de muchos oficios, abundan los cursos de capacitación, actualización y especialización tendientes precisamente a lograr un nivel más alto de calidad, excelencia y competitividad, es decir de «profesionalismo».

El término griego que traducimos por ‘virtud’ es areté, que significa la excelencia de una cosa.

El ideal de la excelencia

La excelencia es una palabra muy utilizada hoy en día en el ámbito empresarial. Lograr la excelencia constituye un ideal de más de un ejecutivo preocupado en alcanzar la mejor gestión. El perfil social y laboral de un ejecutiv0 nos lo da precisamente esa identificación del individuo con su trabajo profesional, en busca del éxito de su acción (generalmente en modo de rol empresarial).

Lograr la excelencia en el mundo del trabajo y la producción de bienes y servicios en el mercado actual, se ha convertido casi en un ideal de vida, el cual, además de la satisfacción económi­ca, personal y de bienestar, produce el reconocimiento de la sociedad y de los colegas mediante el premio al mérito y a la calidad profesional. Esta axiología del desempeño profesio­nal, generada por el sentido emprende­dor del mercado capitalista, debemos someterla a un juicio moral. En ella encontramos aspectos positivos y negativos.

Entre los aspectos positivos podemos destacar los valores de la productividad, la superación y la creatividad.

La productividad es un valor humano y social por la sencilla razón de que los bienes proporcionados por la naturaleza para la supervivencia de la especie humana aparentemente son limitados y resultan cada día más escasos. Como parte de esa necesidad de sobrevivir, la humanidad debe producir los bienes necesarios: alimentos, vestimenta, vivienda, medicinas, instrumentos, herramientas, etc. El simple cultivo del campo para proveerse de alimentos ya requiere producción. Desde ahí hasta el sofisticado nivel de automatización con la electrónica y robótica se abre el inmenso abanico de la producción de bienes y servicios con que las sociedades han sostenido en el tiempo, desde sus orígenes en el mundo animal, un proceso ascendente de humanización. La productividad, tal como aquí la entende­mos, encierra un triple significado:

En primer lugar, significa la capacidad de producir con posibilidades técnicas y destrezas para generar productos, bienes y servicios.

En segundo lugar, significa la actitud de producir: hábitos, tendencias, espíritu emprendedor, de creación de objetos útiles o prestación de servicios.

En tercer lugar, significa el nivel de eficiencia alcanzado en la producción: calidad y abundancia productiva, así como facilidad para su generación.

En las próximas ediciones iremos completando con más profundidad y posteriormente con ejemplos prácticos para acercar a los lectores profesionales e idóneos los aportes y conceptos de la ética profesional para propender a la continua mejora en las buenas prácticas en el ejercicio de cualquier profesión, en especial la de los matriculados del Colegio Profesional de Técnicos de la provincia del Neuquén.

La frase reflexión del mes:

«La ética de la ciencia considera la búsqueda de la verdad como uno de los más grandes deberes del hombre»

(Edwin Grant Conklin)

Entrevista publicada en la edición de Agosto 2021 de Energía Patagonia